sábado, septiembre 12

El clima en la historia · Erupciones

En el verano de 1816 la fanega de trigo se dobló de precio en Granada y en Europa nevó en julio. La causa estaba a trece mil kilómetros, en un volcán indonesio del que nadie en España había oído hablar. Y en la Península no se manifestó como frío, sino como sequía.

En marzo de 1816 la fanega de trigo se pagaba en Granada a unos 106 reales, ya cara. A mediados de junio, cuando quedó claro que las espigas no granaban, el precio se disparó hasta los 136 o 140. En cuestión de meses el pan había doblado su coste, la junta municipal era incapaz de contenerlo y la ciudad registraba un aumento notable de muertes por inanición.

Nadie en Granada podía saber por qué. La causa había ocurrido catorce meses antes y a trece mil kilómetros de distancia: entre el 5 y el 15 de abril de 1815, el volcán Tambora, en la isla indonesia de Sumbawa, protagonizó la mayor erupción documentada de la historia de la humanidad.

Lo que vino después se conoce como el año sin verano. Es una de las mejores demostraciones históricas de algo que hoy damos por descontado: que el clima es un sistema único y que un acontecimiento en el otro extremo del planeta puede vaciar un granero en Andalucía.

VEI 7

alcanzó la erupción del Tambora en abril de 1815, la mayor documentada de la historia

0,4–0,7 °C

descendió la temperatura media global en 1816 según la estimación más citada

1816

fue el verano más frío registrado en Europa entre 1766 y 2000

1817

el año en que la sequía del sur y el este peninsular alcanzó su punto álgido

Diez días de abril

El Tambora llevaba siglos en silencio. Entre el 5 y el 15 de abril de 1815 expulsó del orden de cien kilómetros cúbicos de material y perdió más de mil metros de altura: donde había un pico de más de cuatro mil metros quedó una caldera. Es una erupción de tipo ultrapliniano, categoría 7 en el índice de explosividad volcánica, la más alta jamás observada por testigos.

La ceniza gruesa cayó pronto sobre el archipiélago y el océano. Lo decisivo fue lo otro: las partículas finas y, sobre todo, los compuestos de azufre que alcanzaron la estratosfera. Allí se transformaron en un velo de aerosoles de sulfato que las corrientes distribuyeron por todo el planeta y que reflejó parte de la radiación solar antes de que llegara a la superficie.

Un volcán no calienta el clima. Lo enfría, y lo hace durante uno o dos años, hasta que los aerosoles se depositan.

  • Abril 1815Erupción del Tambora. Decenas de miles de muertes en la región, por la propia erupción y por la hambruna posterior.
  • Otoño 1815Sin efectos climáticos aún perceptibles: los aerosoles todavía se están distribuyendo por la estratosfera.
  • Mayo 1816Frío anómalo en Europa y Norteamérica. Se retrasan las siembras.
  • Verano 1816Heladas de verano en el nordeste de Estados Unidos. Nieve parda en Hungría, nieve rojiza en el norte de Italia por la ceniza. Cosechas arruinadas.
  • 1816–1819Brotes de tifus en Irlanda, Escocia, Italia y Suiza, precipitados por la desnutrición. Decenas de miles de muertes.
  • 1817«El año de los mendigos». Máximo de la sequía en el sur y el este de la Península Ibérica.

Europa, recién salida de una guerra

El momento no pudo ser peor. Europa acababa de cerrar las guerras napoleónicas y tenía las reservas de grano agotadas por más de una década de campañas militares. Sobre ese suelo cayó la mala cosecha.

Hubo disturbios en Gran Bretaña y Francia, con asaltos a almacenes y panaderías y marchas bajo el lema «pan o sangre». En Francia hubo que escoltar militarmente los carros de trigo. En Suiza, donde los veranos de 1816 y 1817 fueron tan fríos que los glaciares volvieron a avanzar, el gobierno declaró la emergencia nacional. En Yunnan, en el suroeste de China, el frío arrasó el arroz.

El historiador John D. Post describió aquel episodio como la última gran crisis de subsistencia del mundo occidental. La cifra que suele citarse para el conjunto de muertes asociadas —hambre y enfermedad incluidas— supera las cien mil personas, aunque conviene tomarla con cautela por razones que explico más abajo.

En España no faltó el verano: faltó el agua

Aquí está la parte que casi ningún texto en español cuenta bien, porque casi todos traducen la versión anglosajona sin comprobar qué ocurrió en la Península.

España no vivió un verano de nieve y heladas. Vivió algo distinto y, a la larga, igual de dañino. Según recoge Benito Fuentes, de la delegación de AEMET en Valencia, en España se retrasaron las cosechas de cereal —el trigo sobre todo— y algunas espigas no llegaron a madurar; la vendimia fue escasa y dio vino de mala calidad, y parte de la fruta se echó a perder.

Pero el rasgo dominante fue otro. Las series reconstruidas de los observatorios de Lisboa, San Fernando y Barcelona, analizadas por Trigo y colaboradores, muestran en el sur y el este peninsular un déficit de precipitación que se prolonga al menos hasta 1818 y que alcanza su máximo en 1817, un año después del famoso verano.

El mismo velo de aerosoles que congeló Nueva Inglaterra secó el sureste español. Un enfriamiento global no se reparte por igual: reorganiza la circulación atmosférica, y cada región recibe una consecuencia distinta.

En Granada, donde no nevó, el verano de 1816 no superó ni un solo día los 28 °C, y el invierno y la primavera previos fueron tan lluviosos que causaron daños cuantiosos. Frío moderado, lluvia a destiempo y después sequía persistente: una combinación perfecta para arruinar dos ciclos agrícolas seguidos.

Ese matiz importa más allá de la curiosidad histórica. Es la prueba documentada de que una perturbación global del balance radiativo no produce el mismo efecto en todas partes, que es exactamente lo que la modelización climática moderna intenta anticipar y lo que hace tan resbaladizo cualquier debate sobre intervenir deliberadamente en la atmósfera.

Tres cifras que conviene mirar de cerca

Verificación

El enfriamiento. Verá citadas cifras muy distintas: 0,4–0,7 °C, en torno a 1 °C, incluso −1,9 °C. No se contradicen necesariamente, porque no miden lo mismo. La horquilla de 0,4 a 0,7 °C corresponde a la temperatura media global; el grado aproximado procede del análisis de Berkeley Earth para la temperatura de la superficie terrestre, que responde más que el océano; y las cifras mayores proceden de reconstrucciones concretas para 1816 sobre tierra firme. Al citar una hay que decir cuál es.

Los muertos. Las cifras de en torno a 90.000 se refieren a la propia erupción y a la hambruna posterior en la región de Sumbawa. Las de más de 100.000 suelen incluir además el hambre y las epidemias en Europa y Norteamérica. Sumar ambas, como se hace a menudo, es contar dos veces.

La nieve en Teruel. Circula por internet que en el verano de 1816 nevó en Teruel. Las fuentes que lo recogen lo hacen en condicional —«se asegura que»— y no hemos localizado ningún registro contemporáneo que lo respalde. Hasta que aparezca, es una leyenda, no un dato.

Frankenstein nació de aquel verano

Hay una nota a pie de página del episodio que se ha vuelto más famosa que el episodio mismo.

En junio de 1816, un grupo de ingleses pasaba el verano junto al lago Lemán, en Villa Diodati. El tiempo era tan miserable que apenas podían salir, y para entretenerse se propusieron un concurso de relatos de terror. De aquellas tardes encerrados salieron el Frankenstein de Mary Shelley, El vampiro de John Polidori —origen de toda la literatura vampírica moderna— y el poema Darkness de Byron, que describe un mundo sin sol.

La ceniza estratosférica también dejó huella en la pintura: los atardeceres de aquellos años tuvieron tonos rojizos y anaranjados anómalos, y varios investigadores los han rastreado en los cielos de Caspar David Friedrich y de Turner. Es uno de los pocos casos en que un evento climático puede leerse en un lienzo.

Por qué el Tambora vuelve a estar de actualidad

Doscientos diez años después, aquel volcán se ha convertido en el experimento natural de referencia para uno de los debates más incómodos del clima.

La geoingeniería solar —inyectar deliberadamente aerosoles de azufre en la estratosfera para reflejar radiación y bajar la temperatura del planeta— propone hacer a escala industrial lo que el Tambora hizo por accidente. Sus partidarios señalan que el mecanismo físico está demostrado precisamente porque 1816 lo demostró. Sus críticos señalan, con la misma lógica, que 1816 demostró también la otra mitad: que el enfriamiento no se reparte de forma uniforme, que altera los patrones de precipitación y que a alguien le toca la sequía. En 1816 le tocó al sur de España.

Hay una segunda lección, menos discutida. La erupción del Tambora encontró a un continente sin reservas de grano tras una guerra larga, y ese fue el multiplicador del desastre. El sistema alimentario actual es infinitamente más productivo, pero también depende de un puñado de regiones exportadoras y de cadenas logísticas ajustadas al día. Una perturbación climática global de dos años seguiría poniendo a prueba exactamente lo mismo: no la capacidad de producir, sino el colchón disponible mientras se produce menos.

Puede consultar el estado actual de los indicadores climáticos españoles en el Observatorio climático y leer otros episodios en la sección El clima en la historia.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue el año sin verano?

El año 1816, en el que amplias zonas del hemisferio norte sufrieron un verano anormalmente frío y húmedo, con heladas fuera de temporada, cosechas arruinadas y carestía. La causa fue la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, en abril de 1815: los aerosoles de azufre que inyectó en la estratosfera reflejaron parte de la radiación solar y enfriaron el planeta durante cerca de dos años.

¿Cuánto bajó la temperatura del planeta?

La cifra más citada para la temperatura media global es un descenso de entre 0,4 y 0,7 °C en 1816. Sobre tierra firme, que responde más rápido que el océano, las estimaciones llegan a alrededor de un grado, y algunas reconstrucciones concretas dan valores mayores. Al comparar cifras conviene fijarse en si se refieren al promedio global o solo a superficie terrestre, porque no son equivalentes.

¿Cómo afectó el año sin verano a España?

De forma distinta a como afectó al norte de Europa y a Norteamérica. En España no hubo nevadas de verano: se retrasaron las cosechas de cereal, algunas espigas no maduraron, la vendimia fue escasa y de mala calidad y parte de la fruta se perdió. El efecto dominante llegó después en forma de sequía: las series de Lisboa, San Fernando y Barcelona muestran un déficit de lluvia en el sur y el este peninsular que se extiende hasta 1818 y culmina en 1817. En Granada el precio del trigo llegó a doblarse en el verano de 1816.

¿Es cierto que nevó en Teruel aquel verano?

No está acreditado. La afirmación circula en artículos divulgativos, pero las fuentes que la recogen la formulan en condicional y no se conoce ningún registro contemporáneo que la respalde. Mientras no aparezca documentación de época, debe tratarse como una leyenda y no como un dato histórico.

¿Qué relación tiene el Tambora con Frankenstein?

En junio de 1816, Mary Shelley, Percy Shelley, lord Byron y John Polidori pasaban el verano en Villa Diodati, junto al lago Lemán. El tiempo era tan malo que apenas podían salir y se propusieron escribir relatos de terror. De ahí salieron Frankenstein, El vampiro de Polidori y el poema Darkness de Byron. Aquel mal tiempo era consecuencia directa de la erupción.

¿Podría repetirse una erupción así?

Sí. Las erupciones de categoría 7 no son excepcionales en escala geológica y no hay ninguna razón para que no vuelva a producirse una. Lo que ha cambiado es el contexto: hoy existiría detección inmediata y capacidad de anticipar los efectos climáticos, pero también una población mucho mayor y un sistema alimentario que depende de pocas regiones exportadoras y de reservas ajustadas.

Fuentes. AEMET, blog de la Agencia, «1816, el año sin verano», Benito Fuentes (Delegación Territorial en la Comunidad Valenciana), con datos de precipitación de los observatorios de Lisboa, San Fernando y Barcelona a partir de Trigo et al.; Smithsonian Institution, Global Volcanism Program, ficha del Tambora; NOAA NCEI, reconstrucciones de temperatura de 1816; Berkeley Earth, análisis del forzamiento volcánico de 1815; Kandlbauer et al. (2013), «Climate and carbon cycle response to the 1815 Tambora volcanic eruption», Journal of Geophysical Research: Atmospheres; Gillen D’Arcy Wood, Tambora: The Eruption That Changed the World, Princeton University Press.

Nota de método. Las cifras de enfriamiento varían según se refieran al promedio global o a la superficie terrestre; se indica en cada caso. Las cifras de mortalidad son estimaciones y no deben sumarse entre sí. La nieve estival en Teruel no está documentada y se recoge aquí como afirmación no verificada. Si detecta un error en esta página, escriba a contacto@calentamientoglobal.es: lo corregiremos y lo haremos constar.

Amante de la naturaleza, en lucha contra el cambio climático y el calentamiento global desde la convicción que cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena.

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