Punto Nemo
El lugar más remoto del planeta. A 2.700 kilómetros de cualquier costa, en mitad del Pacífico Sur, el Punto Nemo está tan lejos de todo que sus vecinos más cercanos son los astronautas de la Estación Espacial Internacional. Y aun así, el calentamiento global ya ha llegado hasta sus aguas profundas.
El Punto Nemo —también conocido como Polo de Inaccesibilidad Oceánica— es el punto geográfico del océano más alejado de cualquier tierra emergida. Se encuentra en el Pacífico Sur, a unos 2.688 km de las tres masas de tierra más próximas: la isla Ducie (Pitcairn), la isla Motu Nui (Pascua) y la isla Maher (Antártida). Su nombre rinde homenaje al capitán Nemo, el personaje de Julio Verne que eligió el fondo del mar para escapar del mundo.
Qué es el Punto Nemo y dónde está exactamente
El Punto Nemo no es una isla, ni un arrecife, ni ningún accidente geográfico visible. Es simplemente una coordenada: 48°52′6″ S, 123°23′6″ O. Un punto en la superficie del Pacífico Sur calculado en 1992 por el ingeniero croata Hrvoje Lukatela utilizando software de análisis geoespacial. Lukatela buscaba el punto equidistante a las tres masas de tierra más cercanas, y ese cálculo lo llevó a una zona del océano donde el horizonte es idéntico en todas las direcciones y la sensación de aislamiento es absoluta.
La región que rodea al Punto Nemo forma parte del Giro del Pacífico Sur, un gran sistema de corrientes oceánicas circulares que actúa como una barrera natural. Las corrientes del giro impiden que el agua fría y rica en nutrientes del exterior llegue al centro, creando una zona de aguas cálidas, pobres en plancton y con muy poca vida. Es, en términos biológicos, un desierto marino. Los oceanógrafos lo llaman oficialmente el Polo de Inaccesibilidad Oceánica.
El Punto Nemo y el calentamiento del océano profundo
La relación entre el Punto Nemo y el cambio climático no es obvia a primera vista. Un punto remoto en el Pacífico Sur, sin vida apenas, sin población humana, sin infraestructuras. ¿Qué puede tener que ver con el calentamiento global?
La respuesta está en las propiedades únicas de su ubicación. Precisamente porque el Punto Nemo está tan aislado de las influencias costeras —sin ríos que desemboquen, sin corrientes continentales, sin contaminación térmica local— sus aguas actúan como un termómetro de referencia extraordinariamente limpio del calentamiento oceánico global. Cuando los científicos detectan que el agua a 500 o 1.000 metros de profundidad en esta zona se está calentando, no hay otra explicación posible: es el sistema climático global el que está cambiando.
Los océanos han absorbido más del 90% del calor extra generado por el efecto invernadero desde la era preindustrial. Gran parte de ese calor no se queda en la superficie: penetra hacia las capas profundas a través de procesos de circulación oceánica. El Pacífico Sur, donde se ubica el Punto Nemo, es una de las regiones donde ese calor profundo se puede medir con mayor precisión.
Los datos de temperatura recogidos por boyas Argo —una red global de más de 4.000 flotadores autónomos que miden temperatura y salinidad hasta 2.000 metros de profundidad— muestran que las aguas del Pacífico Sur se han calentado de forma consistente desde los años noventa. No a la velocidad vertiginosa de la superficie en otras regiones del planeta, pero sí de manera inequívoca. El calor está llegando a donde nadie vive, a donde ningún termómetro costero puede llegar, a donde el capitán Nemo creía que el mundo no podría seguirle.
Por qué el océano profundo importa para el clima
El calentamiento del océano profundo no es solo un dato científico abstracto. Tiene consecuencias directas sobre el sistema climático global que afectan a millones de personas que jamás han oído hablar del Punto Nemo.
La primera consecuencia es la expansión térmica. Cuando el agua del mar se calienta, se expande. Incluso pequeños aumentos de temperatura en grandes masas de agua profunda contribuyen de forma significativa a la subida del nivel del mar. Los modelos del IPCC estiman que la expansión térmica oceánica será responsable de entre el 30% y el 50% de la subida del nivel del mar proyectada para 2100, más que el deshielo de los glaciares y capas de hielo en algunos escenarios.
La segunda consecuencia es la alteración de las corrientes oceánicas. El océano profundo no es estático: el agua circula en grandes corrientes termohalinas impulsadas por diferencias de temperatura y salinidad. Cuando el agua profunda se calienta, esa diferencia se reduce, y la circulación se debilita o modifica. La corriente AMOC —que incluye la Corriente del Golfo y regula el clima de Europa— es uno de los sistemas más sensibles a este tipo de cambios. El calentamiento del Pacífico profundo influye en la dinámica global de estas corrientes a través de mecanismos que los oceanógrafos siguen estudiando.
La tercera consecuencia es la liberación de carbono. Los sedimentos del fondo oceánico contienen enormes cantidades de carbono orgánico acumulado durante millones de años. El calentamiento del agua profunda puede activar bacterias y procesos de descomposición que liberan ese carbono en forma de CO₂ o metano, creando un bucle de retroalimentación climática que amplifica el calentamiento inicial.
El cementerio espacial: cuando lo remoto se convierte en destino
Hay otra razón por la que el Punto Nemo aparece en los medios con cierta regularidad: es el cementerio espacial de la humanidad. Cuando una estación espacial, un satélite o un cohete termina su vida útil y debe ser destruido de forma controlada, los ingenieros de las agencias espaciales lo dirigen hacia el Punto Nemo. Al estar tan lejos de cualquier zona habitada o ruta marítima, el impacto de los restos metálicos en el agua resulta inocuo para las personas.
En el fondo del océano bajo el Punto Nemo descansan restos de más de 260 objetos espaciales, incluyendo varias naves de carga rusas Progress, la estación espacial MIR (hundida en 2001) y fragmentos de numerosos vehículos de la ESA, NASA y otras agencias. Irónicamente, el lugar más remoto de la Tierra se ha convertido en uno de los vertederos más específicos de la civilización humana.
La presencia de restos metálicos y combustibles en el fondo del Punto Nemo plantea preguntas sobre la contaminación de los ecosistemas del océano profundo, aunque la escala y el impacto real siguen siendo objeto de investigación. Lo que sí es seguro es que el fondo marino más remoto del planeta no está, ni siquiera, completamente libre de la huella humana.
El Punto Nemo como símbolo de la escala del cambio climático
En el debate sobre el calentamiento global, existe una tendencia a pensar en los impactos en términos locales: el deshielo del Ártico, los incendios en California, las sequías en el Mediterráneo. Lugares con nombres, con historia, con personas afectadas. El Punto Nemo subvierte esa lógica.
No hay nadie en el Punto Nemo. No hay comunidades pesqueras, no hay ciudades costeras amenazadas por la subida del nivel del mar, no hay agricultores que dependan del régimen de lluvias. Y sin embargo, las aguas que lo rodean se están calentando. Los sedimentos de su fondo están registrando los cambios que los seres humanos estamos introduciendo en el sistema climático. En el rincón más olvidado del planeta, el termómetro sube.
Eso es precisamente lo que hace del Punto Nemo un concepto tan potente para entender la escala del cambio climático: no es un problema de un lugar concreto, ni de una región vulnerable, ni de un país industrializado. Es un problema del planeta entero. Uno que llega incluso donde nadie puede verlo.
Océano Pacífico Sur en las coordenadas del Punto Nemo. La superficie es indistinguible en cualquier dirección hasta el horizonte.
Preguntas frecuentes sobre el Punto Nemo
¿Por qué se llama Punto Nemo?
El nombre fue elegido por Hrvoje Lukatela, el ingeniero que calculó su posición exacta en 1992, como homenaje al capitán Nemo del libro Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. Nemo, en latín, significa «nadie» —un nombre apropiado para el lugar más solitario de los océanos.
¿Qué hay en el fondo marino del Punto Nemo?
El fondo marino bajo el Punto Nemo se encuentra a una profundidad de entre 3.000 y 4.000 metros. Es una llanura abisal con muy poca vida, debido a la escasez de nutrientes que llegan desde la superficie. Además de la geología oceánica natural, el fondo alberga restos de más de 260 objetos espaciales hundidos de forma controlada a lo largo de los últimos 50 años.
¿Se puede visitar el Punto Nemo?
Técnicamente sí, aunque es uno de los viajes más difíciles del planeta. La ruta marítima más cercana pasa a cientos de kilómetros, y llegar requiere semanas de navegación desde los puertos más próximos en Nueva Zelanda, Chile o las islas del Pacífico. No existe infraestructura de ningún tipo en la zona, y las condiciones meteorológicas del Pacífico Sur pueden ser extremas.
¿Cómo afecta el cambio climático al Punto Nemo específicamente?
Las principales señales registradas son el aumento de temperatura en las capas profundas, cambios en la salinidad del agua relacionados con el aumento de la evaporación en la zona y alteraciones en los patrones de circulación del Giro del Pacífico Sur. También se ha documentado un aumento en la concentración de microplásticos, arrastrados por las corrientes del giro desde los continentes.