Hipoxia oceánica
El océano cubre el 71% del planeta y produce la mitad del oxígeno que respiramos. Lleva décadas quedándose sin el suyo propio. Desde 1950, las zonas del mar donde casi nada puede vivir se han cuadruplicado. El cambio climático no es la única causa, pero sí está acelerando un proceso que ya no tiene freno en el corto plazo.
Definición
La hipoxia oceánica es la reducción del oxígeno disuelto en el agua del mar por debajo de los 2 miligramos por litro —el umbral a partir del cual la mayor parte de los organismos marinos no puede sobrevivir—. Las zonas donde la hipoxia es severa o permanente se conocen como zonas muertas (dead zones). La desoxigenación oceánica es un proceso global: desde 1960, los océanos han perdido alrededor del 2% de su oxígeno total, y las proyecciones del IPCC sitúan esa pérdida entre el 3% y el 4% adicional para finales de siglo con las emisiones actuales.
Niveles de oxígeno: de saludable a zona muerta
El oxígeno disuelto en el agua —la versión marina del aire que respiramos— se mide en miligramos por litro (mg/L). Los ecosistemas marinos tienen distintos umbrales de tolerancia, pero existe una escala científica establecida para clasificar el estado de oxigenación del agua:
Cómo se forma una zona muerta: el mecanismo
La hipoxia oceánica puede tener dos orígenes: natural y antropogénico. Las zonas naturales de baja oxigenación existen desde hace millones de años en determinadas cuencas oceánicas con poca circulación. Pero las que han proliferado dramáticamente desde mediados del siglo XX son, principalmente, de origen humano, y se forman a través de un proceso en dos fases que los oceanógrafos denominan eutrofización hipóxica.
Exceso de nutrientes entra al mar
Fertilizantes agrícolas ricos en nitrógeno y fósforo, aguas residuales y escorrentía urbana llegan a zonas costeras. El mar recibe más nutrientes de los que puede procesar.
Explosión de fitoplancton (bloom)
Los nutrientes disparan el crecimiento masivo de algas y fitoplancton. La superficie del agua se cubre de una capa que bloquea la luz hacia las capas inferiores.
El fitoplancton muere y se descompone
Cuando el bloom colapsa, toneladas de materia orgánica se hunden. Las bacterias la descomponen consumiendo el oxígeno disuelto en el agua. La demanda de oxígeno dispara su agotamiento.
El fondo queda sin oxígeno
El oxígeno cae por debajo del umbral de supervivencia. Los organismos que pueden huir, huyen. Los que no pueden —invertebrados, corales, larvas— mueren. El fondo marino se convierte en zona muerta.
El papel del cambio climático
La eutrofización por fertilizantes es la causa más conocida de las zonas muertas costeras. Pero el cambio climático actúa como un amplificador que afecta a todo el océano, incluyendo aguas abiertas donde la agricultura no tiene ninguna influencia directa. Lo hace a través de tres mecanismos físicos:
El agua caliente disuelve menos oxígeno. Es física básica: a medida que la temperatura del agua aumenta, su capacidad para mantener gases disueltos disminuye. El Mediterráneo, que se calienta el doble de rápido que la media global, ya registra pérdidas medibles de oxigenación en capas intermedias. Las olas de calor marino amplifican este efecto localmente de forma intensa.
La estratificación térmica bloquea la circulación vertical. El océano se mezcla verticalmente cuando las aguas superficiales frías se hunden, llevando consigo el oxígeno que absorbieron del aire. Con el calentamiento global, la superficie se calienta más deprisa que las capas profundas, creando una barrera térmica que impide esa mezcla. El oxígeno queda atrapado arriba. Las capas profundas se van empobreciendo.
El debilitamiento de la AMOC reduce la ventilación oceánica global. La corriente termohalina que circula por el Atlántico es uno de los principales mecanismos de transporte de oxígeno hacia las profundidades oceánicas. Su debilitamiento documentado en las últimas décadas reduce esa función de ventilación, contribuyendo a la desoxigenación progresiva de aguas intermedias y profundas.
Tendencia documentada
Un informe de la UICN de 2019 fue el primero en cuantificar la pérdida global de oxígeno oceánico: un 2% en el conjunto de los océanos desde 1960. Los modelos del IPCC proyectan pérdidas adicionales de entre el 3% y el 4% para 2100 bajo el escenario de altas emisiones (SSP5-8.5). En cuencas semiencerradas como el Mediterráneo, las pérdidas proyectadas son significativamente mayores.
El Mediterráneo: un caso especialmente vulnerable
El Mediterráneo es un mar casi cerrado. Su única conexión importante con el océano abierto es el Estrecho de Gibraltar, por donde el agua atlántica entra en superficie y el agua mediterránea más densa y salada sale por el fondo. Esta circulación limitada hace que el Mediterráneo sea especialmente sensible a los procesos de desoxigenación.
A los factores físicos se suma la presión humana. Las costas mediterráneas albergan a más de 150 millones de personas y reciben cientos de millones de turistas anuales. La carga de nutrientes que llega al mar desde agricultura, turismo y urbanización costera es de las más altas del mundo.
España ya tiene un ejemplo documentado y dramático de hipoxia costera de origen combinado: el Mar Menor. Esta laguna salada de Murcia sufrió episodios masivos de hipoxia en 2019, 2021 y 2023, con mortandades de peces y cefalópodos visibles desde la orilla. El origen fue la combinación de escorrentía agrícola del Campo de Cartagena y el calor extremo del verano. El Mar Menor, en miniatura, es el laboratorio involuntario de lo que puede ocurrir en escala mayor en el Mediterráneo.
| Zona / Mar | Estado de oxigenación | Causa principal | Tendencia |
|---|---|---|---|
| Mar Menor (Murcia) | Hipoxia recurrente | Eutrofización agrícola + calor | Empeorando |
| Mediterráneo NW (capas med.) | Descenso progresivo | Estratificación térmica + calentamiento | Empeorando |
| Mar Negro | Hipoxia permanente en profundidad | Circulación muy limitada + eutrofización | Estable / mala |
| Golfo de México | Zona muerta estacional (2ª mayor del mundo) | Escorrentía agrícola Mississippi | Variable |
| Mar Báltico | Zonas muertas extensas | Eutrofización + poca renovación agua | Empeorando |
Qué le ocurre a la cadena trófica
La hipoxia oceánica no es solo una estadística química. Sus consecuencias en cascada sobre los ecosistemas marinos son profundas y, en algunos casos, irreversibles en escalas de tiempo humanas.
Organismos que pueden huir
- Peces — migran hacia aguas oxigenadas
- Cefalópodos — se desplazan horizontalmente
- Mamíferos marinos — siguen a sus presas
- Tiburones y grandes depredadores
Organismos que no pueden huir
- Corales — sésiles, mueren in situ
- Moluscos y bivalvos — ostras, mejillones
- Larvas e individuos juveniles
- Posidonia y pastos marinos
- Equinodermos y crustáceos bentónicos
El efecto más profundo de la hipoxia no es la mortandad inmediata visible, sino la compresión del hábitat. Cuando las zonas hipóxicas se expanden en profundidad, los organismos que sí pueden moverse quedan confinados en una franja cada vez más estrecha de agua superficial bien oxigenada. Esa concentración los hace más vulnerables a la pesca, a las enfermedades y a los eventos de calor extremo. Es un efecto de embudo que el cambio climático refuerza año tras año.
La conexión con la acidificación: dos síntomas, una misma causa
La hipoxia oceánica y la acidificación de los océanos son a menudo tratadas como problemas separados. Comparten raíz, pero no mecanismo.
La acidificación ocurre porque el CO₂ atmosférico se disuelve en el agua y forma ácido carbónico, bajando el pH. La hipoxia en aguas abiertas ocurre porque el calentamiento y la estratificación reducen la solubilidad del oxígeno y bloquean su transporte vertical. Son procesos distintos.
Pero en las zonas donde coexisten —como ocurre en el fondo del Mediterráneo durante episodios de calor sostenido— los efectos se combinan: el agua caliente, pobre en oxígeno y más ácida, es un entorno triple de estrés para los organismos calcáreos como los corales, los moluscos y el fitoplancton con esqueleto de carbonato cálcico. Ninguno de esos tres factores por separado sería necesariamente letal; los tres juntos lo son.
Carbono azul y oxigenación
Los ecosistemas de carbono azul —praderas de posidonia, manglares y marismas— no solo almacenan carbono. También producen oxígeno en el agua y regulan la carga de nutrientes que llega al mar. Su destrucción por hipoxia, obras costeras o cambio climático retroalimenta el problema: menos posidonia significa más eutrofización, lo que significa más hipoxia, lo que significa menos posidonia.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden recuperar las zonas muertas?
Sí, aunque requiere tiempo y condiciones favorables. Cuando se reduce la carga de nutrientes en zonas costeras, el oxígeno puede restablecerse en meses o años. El Mar Negro experimentó una reducción parcial de sus zonas hipóxicas tras el colapso de la agricultura intensiva soviética en los años 90. Las zonas muertas de origen climático —por calentamiento y estratificación— son mucho más difíciles de revertir sin reducir las emisiones globales de CO₂.
¿Qué relación tiene la hipoxia oceánica con el metano?
En condiciones de hipoxia severa, las bacterias anaeróbicas descomponen la materia orgánica produciendo metano y sulfuro de hidrógeno en lugar de CO₂. Ambos gases tienen efectos climáticos y toxicológicos relevantes. La producción de metano en zonas muertas costeras es un circuito de retroalimentación que el cambio climático puede amplificar si las zonas hipóxicas continúan expandiéndose.
¿Afecta la hipoxia oceánica a la pesca en España?
Directamente, sí. Las especies comerciales más vulnerables son los cefalópodos (pulpo, calamar, sepia), los crustáceos (gamba, langostino, cigala) y los peces demersales que viven cerca del fondo como el lenguado o el mero. Cuando una zona hipóxica se expande, estas especies abandonan el área o mueren, con consecuencias directas para los caladeros próximos. El Mar Menor es el ejemplo más documentado en territorio español.
¿Qué diferencia hay entre hipoxia y anoxia?
La hipoxia es la reducción de oxígeno por debajo de 2 mg/L. La anoxia es la ausencia total de oxígeno (< 0,1 mg/L). Las zonas anóxicas son las versiones más extremas de las zonas muertas, y en ellas solo sobreviven determinadas bacterias especializadas. El Mar Negro tiene zonas permanentemente anóxicas por debajo de los 150 metros de profundidad.