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Boris llega a México con vientos de 85 km/h: inundaciones en Guerrero y Oaxaca mientras la temporada ciclónica acaba de empezar
La tormenta tropical Boris tocó tierra en la madrugada del 9 de junio en el límite entre Guerrero y Oaxaca. Es la segunda tormenta en menos de una semana y el inicio de una temporada que los científicos ya consideran de alto riesgo.
En la madrugada del martes 9 de junio de 2026, la tormenta tropical Boris tocó tierra entre los límites de Guerrero y Oaxaca. Venía del Pacífico con vientos de 85 kilómetros por hora y cargaba hasta 250 milímetros de lluvia acumulada sobre las zonas costeras. No es el peor ciclón que ha visto México. Pero llega apenas días después de la tormenta Amanda, es la segunda tormenta de la temporada antes de que esta haya alcanzado su punto álgido, y viene en un año en el que los pronósticos hablan de entre 18 y 21 ciclones en el Pacífico.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) activó alertas de color rojo en partes de Guerrero y Oaxaca. El gobierno federal activó el Plan DN-III-E y el Plan Marina como medidas preventivas, con especial atención en Acapulco, una ciudad que todavía lleva las cicatrices del huracán Otis de 2023. Esta vez, Boris no tiene la fuerza de Otis. Pero sí tiene lluvia, y en una costa con suelos ya saturados, la lluvia sola puede hacer mucho daño.
Cómo se formó Boris en menos de 36 horas
La tormenta tropical Boris se organizó en el Pacífico oriental el 7 de junio, a partir de una zona de baja presión que los meteorólogos llevaban días siguiendo. A las pocas horas, ya tenía nombre. En la mañana del 8 de junio se localizaba a 135 kilómetros al sureste de Acapulco y a 80 kilómetros al suroeste de Punta Maldonado, en el estado de Guerrero. La temperatura del Pacífico frente a las costas del sur de México estaba varios grados por encima de la media histórica para estas fechas: el combustible perfecto para un sistema tropical.
Boris se desplazó hacia el noroeste durante horas, ganando humedad sobre el océano caliente, y tocó tierra en la madrugada del martes. Los modelos de predicción anticipaban que se debilitaría rápidamente una vez sobre tierra, lo que en términos meteorológicos es la buena noticia. La mala noticia es que un sistema que se debilita no deja de llover: simplemente pierde el viento, no el agua.
Los estados en alerta y lo que se esperaba que ocurriera
Las alertas de Boris no se limitaron a los estados del impacto directo. La humedad asociada al sistema se extendió por todo el suroeste y el occidente del país, obligando a mantener avisos en varios estados simultáneamente.
Los primeros reportes de daños llegaron desde Oaxaca, donde los deslizamientos de tierra cortaron tramos de las carreteras hacia Tehuantepec y Puerto Ángel. En zonas costeras de Guerrero, las calles de localidades de la Costa Chica y la Costa Grande sufrieron inundaciones en las primeras horas del martes.
«Las lluvias registradas mantienen exceso de humedad en superficies y terrenos, lo que incrementa el riesgo de deslizamientos incluso después de que el sistema se debilite.»
— Servicio Meteorológico Nacional (SMN), boletín del 9 de junio de 2026
Acapulco otra vez en el punto de mira
Cada tormenta que se forma en el Pacífico sur mexicano devuelve la mirada a Acapulco. En octubre de 2023, el huracán Otis devastó la ciudad en cuestión de horas, con vientos de 330 km/h que nadie había pronosticado. Otis pasó de depresión tropical a huracán de categoría 5 en menos de 24 horas, un caso de intensificación rápida que dejó a las autoridades y los modelos sin tiempo de reacción. Murieron más de 50 personas. La reconstrucción lleva ya años y todavía no ha terminado.
Boris no es Otis. Sus vientos al tocar tierra eran de 85 km/h frente a los más de 300 del huracán de 2023. Pero la memoria de Otis ha cambiado el protocolo: ante cualquier tormenta en el Pacífico sur, las autoridades activan los planes de emergencia antes de que el fenómeno se confirme como amenaza grave. Esta vez lo hicieron con Boris, y aunque la tormenta resultó manejable, la lección de 2023 es que en el Pacífico oriental ya no hay tormentas «menores» que puedan ignorarse.
El cambio climático detrás de la temporada que empieza
Boris no es una anomalía. Es parte de un patrón. La temporada ciclónica del Pacífico oriental 2026 comenzó con Amanda a principios de junio y siguió con Boris apenas días después. La tercera tormenta, Cristina, ya estaba organizándose en el momento en que Boris tocó tierra. Esta sucesión rápida de sistemas no es casualidad: responde a unas condiciones oceánicas que los científicos llevan años describiendo como cada vez más favorables para la formación de ciclones.
El mecanismo es bien conocido. El océano Pacífico frente a las costas de México lleva años acumulando calor. Cada décima de grado adicional en la temperatura superficial del mar es energía disponible para que una perturbación atmosférica se organice y se intensifique. En 2026, esa temperatura está por encima de la media histórica, y el fenómeno de El Niño, que se está desarrollando de forma moderada, amplifica aún más las condiciones.
Lo que los modelos climáticos predijeron hace una década está ocurriendo: las temporadas ciclónicas del Pacífico mexicano no son más largas, pero sí más intensas. Y lo que es más preocupante: la velocidad a la que los sistemas pasan de perturbación a tormenta de categoría alta ha aumentado. La ventana de aviso se ha reducido. Lo demostró Otis en 2023. Lo recuerda Boris en 2026.
«Cada grado adicional en la temperatura del océano es como añadir más leña al fuego. Los ciclones no solo son más frecuentes: se intensifican más rápido y con menos margen para que la gente pueda ponerse a salvo.»
— Kerry Emanuel, meteorólogo del MIT, sobre la relación entre temperatura oceánica y ciclones tropicales
Una infraestructura que sigue siendo vulnerable
El problema no es solo el fenómeno. Es lo que el fenómeno encuentra cuando llega. Las costas de Guerrero y Oaxaca concentran algunos de los índices de pobreza más altos de México. Las construcciones en las zonas costeras de menor renta no están diseñadas para resistir vientos superiores a 100 km/h ni lluvias de 200 milímetros en pocas horas. Los sistemas de drenaje de muchas localidades llevan años sin mantenimiento. Las carreteras de acceso a las comunidades de la Sierra de Oaxaca son de por sí frágiles: cualquier deslizamiento las corta durante días.
Boris causó daños. Aún se están evaluando. Pero lo que importa entender es que cuando el daño lo causa una tormenta de estas características —la segunda del año, de intensidad moderada, con varios días de aviso— el problema no es solo el clima. Es la brecha entre los países que pueden prepararse para el clima que viene y los que no pueden permitírselo.
Lo que sigue después de Boris
El SMN estimaba que Boris se debilitaría hasta disiparse en la tarde del martes 9 de junio sobre el interior de Guerrero y Oaxaca. Las lluvias asociadas continuarían durante unas horas más. A partir del miércoles, los equipos de protección civil podrían acceder a las zonas más afectadas para evaluar daños y atender a la población. Oaxaca concentraba las mayores preocupaciones por los cortes de carretera en zonas de difícil acceso.
Mientras tanto, en el Pacífico, Cristina ya tomaba forma. La temporada acaba de empezar.
Fuentes
- Tormenta tropical Boris toca tierra en México — Ámbito, 9 de junio de 2026
- Ciclón Boris EN VIVO: toca tierra entre Guerrero y Oaxaca con vientos de 85 km/h — Infobae, 9 de junio de 2026
- Boris toca tierra entre Guerrero y Oaxaca — N+, 9 de junio de 2026
- Boris deja daños e inundaciones en Oaxaca — Excélsior, 2026
- Boris amenaza México con lluvias torrenciales e inundaciones — Ecoosfera, 2026
- 2026 traerá más incendios y eventos climáticos extremos por el cambio climático y El Niño — Mongabay, mayo 2026
- As El Niño Approaches, Scientists Predict Fierce Heatwaves, Wildfires and Floods — Inside Climate News, mayo 2026
- Servicio Meteorológico Nacional (SMN) — Boletines meteorológicos, 8–9 de junio de 2026
