La ola de calor que está batiendo récords en Europa: qué está pasando y por qué el cambio climático lo explica todo
Un domo de calor procedente del norte de África ha convertido esta última semana de mayo en la más cálida del siglo en media Europa. Los termómetros llevan días registrando valores imposibles para esta época del año.
Hay semanas que el termómetro simplemente se niega a obedecer al calendario. Esta es una de ellas. Mientras el 1 de junio sigue siendo la fecha oficial del inicio del verano en Europa, la realidad lleva días adelantándose con una brutalidad que los meteorólogos llevan años describiendo en sus informes y que la mayoría de la gente experimenta ahora, en carne propia, con el ventilador ya en marcha y las persianas bajadas a mediodía.
Lo que está ocurriendo esta semana en Europa no es solo calor. Es un episodio que ha pulverizado récords que llevaban casi un siglo en pie, ha encendido alertas en una docena de países al mismo tiempo y ha llegado en el momento del año en que nuestros cuerpos menos preparados están para resistirlo. Y tiene nombre: domo de calor.
Qué es exactamente un domo de calor
La expresión lleva años circulando en los medios meteorológicos pero sigue siendo necesario explicarla, porque muchos la confunden con una simple ola de calor. No es lo mismo. Un domo de calor —también llamado cúpula de calor— es un patrón atmosférico en el que una dorsal de altas presiones se instala sobre una región y actúa como una tapadera gigante sobre la atmósfera. El aire cálido queda atrapado en las capas más bajas, no puede escapar hacia arriba y, además, se comprime al descender: cada vez que baja, se calienta un poco más. Es como tener el horno encendido con la puerta cerrada.
1. Origen: Una dorsal anticiclónica subtropical de origen africano ascendió desde el noroeste de África y fue abrazando progresivamente la Península Ibérica durante la tercera semana de mayo.
2. Amplificación: La cresta anticiclónica se fortaleció y extendió hacia el noreste, empujando masas de aire cálido subtropical hacia el centro y norte de Europa: Francia, Países Bajos, Alemania, Bélgica y, finalmente, las Islas Británicas.
3. Bloqueo: El sistema se estancó, impidiendo que frentes atlánticos frescos penetraran en el continente. El resultado fue una acumulación de calor de varios días, muy superior a lo que produce una simple ola de calor pasajera.
Lo que distingue este episodio de un calor veraniego ordinario es la anomalía térmica, es decir, la diferencia entre la temperatura real y la que sería esperable para esa fecha. En zonas de Francia, Alemania y Reino Unido, esa diferencia ha superado los 10 y en algunos puntos los 15 grados. Para hacerlo más concreto: Oviedo alcanzó el 22 de mayo los 35,5 °C. En esa misma fecha del año pasado, la capital asturiana estaba a 19 °C.
País a país: el mapa de la semana más calurosa de mayo en un siglo
Por qué los primeros calores del año son los más peligrosos
Hay un dato que los epidemiólogos llevan años señalando y que conviene recordar cada vez que llega el primer episodio de calor intenso de la temporada: los cuerpos no están aclimatados. La aclimatación fisiológica al calor —ese proceso por el que el organismo aprende a sudar más, a redistribuir el flujo sanguíneo, a tolerar temperaturas altas— se produce por exposición gradual y acumulada. En julio, después de semanas con calor, el cuerpo de la mayoría de europeos ha pasado por ese proceso. En mayo, no.
Eso significa que un calor de 35 °C en mayo mata más que un calor de 40 °C en agosto. Es contraintuitivo, pero está demostrado estadísticamente. La ola de calor de 2022 en España provocó más de 360 muertes en solo seis días, en buena parte porque llegó antes de que comenzara el verano oficial.
Quién es más vulnerable
La huella del cambio climático detrás de este episodio
Siempre surge la pregunta en estos momentos, y siempre merece una respuesta honesta: ¿tiene esto que ver con el cambio climático o es un fenómeno natural? La ciencia climática lleva tiempo ofreciendo una respuesta matizada pero contundente. Los domos de calor y las olas de calor de primavera no son invenciones del calentamiento global. Han existido siempre. Lo que el cambio climático hace es cambiar las probabilidades y la intensidad de que ocurran.
Dicho en términos estadísticos: un episodio como el de esta semana habría podido ocurrir en 1950. Pero era mucho menos probable. Hoy, con una atmósfera 1,3 °C más cálida de media global que en la era preindustrial, estos episodios son más frecuentes, más intensos y más duraderos. No por magia: porque el punto de partida es más alto. La anomalía que necesita un domo de calor para batir récords es menor cuando la temperatura de base ya es más elevada.
El dato que a veces se olvida mencionar es que Europa es el continente que más rápido se está calentando del planeta. La temperatura media en Europa ha subido aproximadamente el doble que la media mundial en las últimas décadas. Eso significa que los récords de temperatura en el continente caen a un ritmo acelerado, y que episodios como el de esta semana, que hoy consideramos excepcionales, podrían convertirse en norma en apenas dos décadas.
Qué significa para España en concreto
España lleva varios años encadenando veranos históricos. 2025 fue el séptimo consecutivo por encima de la media. La AEMET lleva meses advirtiendo de que el verano de 2026 podría ser especialmente intenso: la previsión estacional para el trimestre junio-agosto apunta a una alta probabilidad de que las temperaturas se sitúen en el tercil superior en todo el país, con especial intensidad en el sur y el arco mediterráneo.
Esta semana de mayo no es, por tanto, una anomalía aislada. Es la apertura de una temporada que los meteorólogos ya vigilan con preocupación creciente. El calor que llega hoy en mayo era el calor de junio hace veinte años. Y el calor que llegará en julio podría ser el del agosto más extremo que se recuerde.
La cornisa cantábrica, históricamente el refugio climático del verano español, está dejando de serlo. Oviedo a 35 °C en mayo no es una estadística: es una señal de que los patrones climáticos que organizaban la vida de millones de españoles están cambiando a un ritmo que la sociedad apenas empieza a procesar.
Un domo de calor africano ha generado temperaturas entre 10 y 15 °C por encima de lo normal en toda Europa occidental. Reino Unido batió su récord de mayo vigente desde 1922 con 34,8 °C en Londres. España registró 35,5 °C en Oviedo y prevé hasta 38 °C en el sur esta semana. AEMET ha activado alertas en varias comunidades. El episodio alcanzará su pico entre el martes y el miércoles. El cambio climático no crea estos fenómenos, pero los hace más frecuentes, más intensos y más duraderos.
