sábado, agosto 15
La «lengua fría» del Pacífico: el océano que no se calienta | 2026

Ciencia del clima · Océanos

La «lengua fría» del Pacífico: la franja de océano que se enfría mientras el planeta se calienta

Mientras el mundo encadena récords de temperatura, una estrecha banda del Pacífico ecuatorial lleva décadas haciendo lo contrario: enfriarse. Un nuevo estudio de la Universidad de Columbia, publicado en junio de 2026, advierte de algo incómodo: puede que ni los modelos ni los datos estén capturando por qué. Y de ese enigma depende cómo predecimos El Niño.

9 min de lectura Calentamiento Global
Piscina caliente Pacífico occidental · agua cálida Lengua fría Pacífico oriental · agua fría Vientos alisios →← afloramiento Agua fría profunda aflora a la superficie Ecuador
Esquema del Pacífico ecuatorial. En el oeste, la «piscina caliente»; en el este, junto a Sudamérica, la «lengua fría», donde los vientos alisios empujan el agua superficial y permiten que afloren aguas profundas y frías. / Ilustración de Calentamiento Global.

Hay un rincón del océano que parece no haberse enterado de que el planeta se está calentando. Es una franja larga y estrecha que se extiende a lo largo del ecuador en el Pacífico oriental, desde las costas de Perú y Ecuador hacia el oeste. Los oceanógrafos la llaman la lengua fría (en inglés, cold tongue). Y mientras los termómetros de medio mundo encadenan récord tras récord, esta lengua de agua lleva décadas haciendo justo lo contrario: enfriarse, o como mínimo, calentarse mucho menos de lo que debería. Un nuevo estudio de la Universidad de Columbia, publicado en junio de 2026, vuelve a poner el foco sobre este enigma y deja una conclusión inquietante: puede que todavía no sepamos del todo por qué.

No es un detalle menor ni una curiosidad de geógrafos. La temperatura de esa franja de mar es uno de los reguladores más poderosos del clima de todo el planeta. De ella dependen, en buena medida, El Niño y La Niña, los ciclos que reparten lluvias e inundaciones en una orilla del Pacífico y sequías en la otra. Si no entendemos qué le está pasando a la lengua fría, tampoco entendemos del todo qué va a pasar con el clima que viene.

Qué es exactamente la lengua fría

Para visualizarlo, imagina el Pacífico ecuatorial como una bañera muy larga. En el extremo oeste, cerca de Indonesia, el agua de la superficie está caliente: es la llamada «piscina caliente». En el extremo este, junto a Sudamérica, el agua está notablemente más fría. Esa diferencia no es casualidad. Los vientos alisios soplan de forma constante de este a oeste y arrastran consigo el agua templada de la superficie hacia el lado indonesio. Al apartarse esa capa, queda un hueco que se rellena desde abajo: agua profunda, fría y rica en nutrientes, que aflora hacia la superficie frente a las costas peruanas. El resultado es esa «lengua» de agua fría que avanza por el ecuador.

Ese mecanismo —vientos que empujan, agua fría que sube— es el corazón del sistema. Y aquí está la paradoja: a lo largo de las últimas décadas, las observaciones muestran que esos vientos alisios se han intensificado y que la lengua fría se ha enfriado, empujando al Pacífico hacia un estado que se parece, de forma persistente, a una La Niña de fondo. Lo contrario de lo que cabría esperar en un mundo que se calienta.

40 años
Es el tiempo que la lengua fría del Pacífico oriental lleva mostrando una tendencia al enfriamiento, observada en varios conjuntos de datos independientes, mientras la temperatura media global no deja de subir.

El problema: los modelos dicen una cosa y el océano hace otra

Aquí es donde el asunto se vuelve verdaderamente espinoso. La gran mayoría de los modelos climáticos —las simulaciones por ordenador con las que proyectamos el clima futuro— predicen que, a medida que aumentan los gases de efecto invernadero, la lengua fría debería calentarse, e incluso hacerlo más rápido que el resto del océano. Pero las mediciones reales de las últimas décadas apuntan en sentido contrario. Modelos y observaciones, sencillamente, no encajan.

Esa discrepancia ha partido a la comunidad científica en dos campos. Para unos, el enfriamiento es pasajero: una oscilación natural del propio sistema que, tarde o temprano, se dará la vuelta y dejará paso al calentamiento que predicen los modelos. Para otros, hay un mecanismo físico real —ligado a cómo responden los vientos y el afloramiento al calentamiento— que los modelos no están reproduciendo bien, y que mantendría a la lengua fría enfriándose durante mucho más tiempo. La diferencia entre ambas hipótesis no es académica: cambia las previsiones de lluvia, sequía y temperatura para buena parte del planeta.

El giro de 2026: cuidado también con los datos

El nuevo estudio del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, firmado por Feng Jiang, Richard Seager y Mark Cane y publicado en Journal of Climate, añade una capa más de complejidad. El equipo examinó uno de los conjuntos de datos más usados para estudiar el océano: un reanálisis, es decir, una reconstrucción que mezcla observaciones reales con resultados de modelos para rellenar los huecos donde no hay mediciones.

A primera vista, ese reanálisis sí reproducía el enfriamiento observado en la lengua fría, lo que parecía una buena noticia. Pero al mirar bajo el capó, los investigadores encontraron que esa coincidencia dependía en gran medida de una corrección añadida a los datos, y no de que el modelo estuviera representando correctamente la física real del océano. Dicho de otro modo: el reanálisis acierta con el resultado, pero quizá por las razones equivocadas.

«La lengua fría del Pacífico oriental es uno de los lugares donde las observaciones y los modelos climáticos todavía no coinciden. Nuestro estudio demuestra que incluso los datos de reanálisis hay que manejarlos con cuidado: pueden reproducir el enfriamiento, pero no necesariamente captando los procesos físicos que lo causaron.»

— Feng Jiang, investigador postdoctoral, Observatorio Terrestre Lamont-Doherty (Universidad de Columbia)

Es un matiz técnico con una consecuencia mayúscula: si las herramientas con las que comprobamos los modelos arrastran sus propios sesgos, distinguir cuál de los dos campos tiene razón —enfriamiento pasajero o tendencia duradera— se vuelve aún más difícil. La cuestión sigue abierta.

Dos escenarios, dos climas distintos

¿Por qué deberíamos preocuparnos por una franja de mar tan lejana? Porque, según cuál de estas dos hipótesis se confirme, el clima de las próximas décadas será diferente.

Si el enfriamiento es pasajero
La lengua fría acabará calentándose, como predicen los modelos. El Pacífico tendería con más frecuencia a estados tipo El Niño, con sus patrones asociados de lluvias y sequías, y el calentamiento global avanzaría por la senda ya proyectada.
Si la tendencia es duradera
El Pacífico seguiría anclado en un estado de fondo tipo La Niña durante años. Eso reorganiza las lluvias en América, Asia y África oriental, y podría significar que algunos modelos están sobreestimando la rapidez del calentamiento a corto plazo en esta región.

Esa incertidumbre se conecta, además, con una de las grandes incógnitas de la ciencia climática: cuánto se calentará exactamente la Tierra para un nivel dado de CO₂. La forma en que el Pacífico tropical responde al calentamiento es una de las piezas que más influyen en ese cálculo. Mientras la lengua fría siga sin explicación, ese número conserva un margen de error mayor del que nos gustaría.

Por qué es tan oportuno hablar de esto ahora

El asunto no es solo teórico. Las agencias meteorológicas observan que el Pacífico vuelve a moverse: tras una larga racha de condiciones frías, las previsiones apuntan al regreso y posible refuerzo de El Niño en los próximos meses. Y precisamente cuando el Pacífico cambia de fase es cuando los sesgos de los modelos se pagan caros: una previsión estacional que se equivoca sobre El Niño se traduce en errores reales sobre las lluvias del monzón, las sequías en Centroamérica o las campañas agrícolas de medio planeta.

Hay también una lección de fondo, y es quizá la más valiosa para entender cómo funciona la ciencia del clima. El cambio climático no consiste en que todo el planeta se caliente de forma uniforme y ordenada. El sistema tiene piezas que responden de maneras inesperadas, retroalimentaciones que amplifican o frenan el calentamiento según la región, y rincones —como esta lengua fría— donde la señal global se manifiesta del revés. Reconocer esa complejidad no es restar fuerza al diagnóstico general: la temperatura media del planeta sigue subiendo sin ambigüedad. Es, más bien, afinar la letra pequeña de un proceso del que todavía nos quedan capítulos por entender.

Lo que dice realmente este estudio

Conviene ser preciso para no exagerar en ninguna dirección. La lengua fría del Pacífico no es una prueba de que el calentamiento global se haya detenido: la temperatura media del planeta no ha dejado de aumentar. Lo que muestra es que una región concreta y muy influyente se comporta de una forma que aún no sabemos modelar con seguridad, y que el estudio de 2026 nos recuerda que tampoco podemos fiarnos a ciegas de los datos reconstruidos para resolver la duda.

Es ciencia en directo: una pregunta importante, todavía sin respuesta cerrada, sobre una pieza que mueve el clima de continentes enteros. Y entender bien esa pieza —ni minimizarla ni dramatizarla— es exactamente lo que hace falta para mejorar las previsiones de las que dependen millones de personas. Para seguir el pulso del océano y del resto de indicadores, puedes consultar nuestro observatorio climático y el glosario de definiciones climáticas.


Amante de la naturaleza, en lucha contra el cambio climático y el calentamiento global desde la convicción que cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena.

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