Kenia: cuando la sequía llega al sur — pastores masái al límite en Kajiado
En el imaginario global, la sequía en Kenia suele tener un mapa fijo: el norte árido, la frontera dura, las tierras que ya nacieron con poca lluvia. Pero hay noticias que rompen el mapa. Y esta es una de ellas.
Según una crónica reciente de Reuters, la sequía se está extendiendo más allá del norte tradicionalmente árido y está golpeando con fuerza lugares como Kajiado County, cerca de Nairobi, en territorio masái.
Allí, la sequía no se mide en gráficas: se mide en leche que ya no sale, en animales que ya no aguantan, en familias que se ven obligadas a vender su futuro para comprar unos días de comida.
Lo esencial en 5 puntos
- La sequía afecta a Kajiado County, una zona que no suele ser el icono mundial del “norte árido”.
- Reuters cuenta el caso de una joven pastora masái que ha perdido más de 100 vacas y 300 cabras desde agosto.
- El ganado superviviente está tan debilitado que no produce leche, y los precios se desploman por ventas desesperadas.
- La migración de rebaños aumenta, incluso hacia Tanzania, y crece el riesgo de tensiones por recursos escasos.
- Las previsiones ya venían avisando: el “short rains” de 2025 se esperaba cerca de normal a por debajo de lo normal en Kajiado, con factores como el Dipolo del Índico negativo.
“Vender barato para no morirse caro”: el círculo de la sequía
La sequía no solo mata animales: rompe economías domésticas. Cuando no hay pasto ni agua, el ganado se debilita; cuando el ganado se debilita, pierde valor; cuando pierde valor, se vende a precio de derribo; cuando se vende, se pierde el capital que permitía resistir… y el hogar cae en una espiral.
Reuters describe precisamente esa trampa: animales demasiado débiles para dar leche, familias vendiendo a mal precio para poder comprar alimento para los que aún quedan, y un sentimiento que lo resume todo: la resiliencia se agota.
En comunidades pastoriles, el ganado no es un “bien”: es ahorro, comida, estatus, seguridad, futuro. Perderlo es perder el suelo bajo los pies.
¿Por qué es tan grave que la sequía golpee Kajiado?
Porque cambia el guion. Si la sequía se queda donde siempre ha existido, el mundo tiende a encogerse de hombros. Pero cuando se extiende hacia zonas que históricamente tenían un margen mayor, el mensaje es claro: la frontera climática se está moviendo.
Y, además, Kajiado está cerca de un corredor humano y económico importantísimo. El impacto no se queda “en lo rural”: se conecta con mercados, precios, migraciones, conflictos por recursos y presión sobre servicios.
Las pistas estaban en el pronóstico: “short rains” (temporada corta de lluvias) débiles
Un detalle relevante es que esto no aparece de la nada. El Departamento Meteorológico de Kenia publicó previsiones para el periodo octubre-noviembre-diciembre de 2025 (“short rains”) indicando que gran parte del país esperaba lluvias por debajo de la media, y que en Kajiado podían ser cerca de normal a por debajo de lo normal.
En Kajiado, los meteorólogos ya venían avisando de que la temporada corta de lluvias (las short rains, de octubre a diciembre) podía quedarse corta. En sus boletines, el servicio meteorológico de Kenia señalaba como uno de los factores principales un Dipolo del Océano Índico en fase negativa, una configuración que suele reducir la llegada de humedad a parte de África oriental y, por tanto, favorecer lluvias por debajo de lo normal. En la misma línea, FEWS NET (una red de alerta temprana sobre seguridad alimentaria) también advertía de que esas lluvias de final de año podían ser inferiores a lo habitual, un escenario que aumenta el riesgo de pérdida de pastos y falta de agua para el ganado.
Es decir: la sequía tiene rostro humano, pero también tiene contexto atmosférico. Y cuando el patrón falla, falla la vida cotidiana.
La otra cara: migración, tensiones y “geografía del agua”
Cuando el agua escasea, la geografía cambia. Aparecen rutas de movimiento del ganado, puntos de concentración, colas, disputas. Reuters apunta a esa realidad: rebaños moviéndose incluso hacia Tanzania y autoridades alertando de competencia creciente por recursos.
Este es uno de los mecanismos más duros de la crisis climática: no hace falta que haya una guerra previa para que surjan conflictos; basta con que el recurso básico —agua/pasto— se convierta en excepción.
La sequía “no viaja sola” en la región
La noticia de Kenia se entiende aún mejor si miras alrededor: Somalia declaró una emergencia nacional por sequía en noviembre de 2025, según ReliefWeb, en un contexto de necesidad humanitaria urgente.
Y organizaciones como Save the Children han advertido recientemente de crisis grave por fallos consecutivos de temporadas de lluvia.
Este encadenamiento regional importa porque muestra que el clima no golpea por parcelas administrativas: golpea por patrones.
¿Qué tiene que ver esto con el cambio climático?
De nuevo: una sequía concreta no se atribuye automáticamente al cambio climático sin análisis específico. Pero sí hay un marco de fondo sólido: el calentamiento global altera patrones de lluvia, intensifica la evaporación y puede aumentar la probabilidad de episodios extremos (sequías más persistentes o más severas), especialmente cuando se combinan con variabilidad natural (IOD, ENSO) y degradación del territorio.
El cambio climático no siempre “crea” el evento; a veces lo agrava y lo hace más dañino.
Estaciones fallidas y lluvias que se desplazan
Los pastores masái de Kajiado no están discutiendo si el clima “es natural o antropogénico”. Están discutiendo si su ganado verá el próximo mes. Si habrá leche mañana. Si el rebaño puede caminar un día más.
Y esa es, quizá, la verdad más incómoda de la crisis climática: que en muchos lugares del mundo ya no se vive “a largo plazo”. Se vive a golpe de estación fallida.
