miércoles, junio 17

El Niño 2026: los océanos rozan su récord histórico y los científicos ya miran hacia 2027

Hay datos que, cuando los lees por primera vez, te obligan a releerlos para asegurarte de que has entendido bien. El boletín mensual de Copernicus publicado el 8 de mayo es uno de esos documentos.

Según el Servicio de Cambio Climático de la Unión Europea, la temperatura media de la superficie del mar entre las latitudes 60°S y 60°N alcanzó en abril de 2026 los 21 °C. Es el segundo valor más alto jamás registrado para un mes de abril. Solo lo supera el de abril de 2024, cuando El Niño anterior estaba en plena intensidad. Lo llamativo de este dato es que ahora mismo no hay ningún El Niño activo. Los océanos están llegando a esas temperaturas solos, por inercia del calentamiento acumulado, y con el fenómeno todavía por llegar.

Samantha Burgess, responsable estratégica de clima en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio —la institución que gestiona Copernicus—, lo resumió con una frase que no invita a la calma: «Es solo cuestión de días antes de que volvamos a registrar temperaturas récord en la superficie de los mares para un mes de mayo.»

Qué está pasando exactamente en los océanos ahora mismo

El Niño es un fenómeno climático natural que se repite cada dos a siete años en el Pacífico ecuatorial. Durante su fase activa, las aguas cálidas acumuladas en el oeste del Pacífico se desplazan hacia el este, elevan la temperatura global de los océanos y liberan enormes cantidades de calor hacia la atmósfera. El resultado es un incremento temporal de las temperaturas medias del planeta que puede extenderse durante meses.

El problema ahora no es El Niño en sí. Es lo que hay debajo de él.

Los océanos llevan años absorbiendo más del 90% del calor extra atrapado por los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Eso significa que cuando El Niño llegue esta vez —y todo apunta a que lo hará antes del final de 2026— no va a calentar un océano neutro. Va a calentar uno que ya está en niveles históricamente altos. La suma de ambos procesos es lo que tiene en alerta a la comunidad científica.

Las olas de calor marinas ya se están extendiendo por una vasta región que abarca desde el centro del Pacífico ecuatorial hasta la costa oeste de Estados Unidos y México. No son anomalías puntuales. Son masas de agua que permanecen más calientes de lo normal durante semanas y que afectan directamente a los ecosistemas marinos, a las corrientes oceánicas y, en última instancia, a los patrones de lluvia y temperatura en tierra.

Por qué este El Niño inquieta más que los anteriores

Técnicamente, los modelos todavía no se ponen de acuerdo en la intensidad de lo que viene. Algunas agencias meteorológicas proyectan un fenómeno comparable al «Super Niño» de 1997-1998, uno de los más potentes del siglo XX. Otras son más cautelosas y apuntan a un episodio fuerte pero no excepcional. Burgess reconoce que las previsiones establecidas en primavera aún son poco fiables, y hay que darle la razón en eso: la ciencia climática ha avanzado mucho, pero predecir la intensidad exacta de El Niño con seis o siete meses de antelación sigue siendo difícil.

Lo que sí genera más consenso es otra cosa: independientemente de su intensidad, este El Niño no va a pasar desapercibido.

La razón es esa temperatura de base que mencionaba antes. Zeke Hausfather, climatólogo del instituto independiente Berkeley Earth, proyecta que 2027 superará el récord anual de 2024. Burgess, por su parte, lo considera «probable». En climatología, cuando dos fuentes independientes con metodologías diferentes llegan a la misma conclusión, merece atención.

El último episodio fuerte de El Niño, el de 2023-2024, coincidió con los dos años más calurosos jamás registrados. El actual llegaría sobre una base aún más caliente.

El Ártico, la otra señal que no conviene ignorar

Copernicus no solo alertó sobre los océanos tropicales. El mismo informe de mayo confirmó algo que lleva meses preocupando a los glaciólogos: el hielo marino del Ártico tuvo una recuperación invernal muy limitada y sus superficies se mantienen cerca de los niveles más bajos de la historia.

Esto importa por varias razones, y no todas son intuitivas.

El hielo ártico actúa como un regulador del clima del hemisferio norte. Cuando se reduce, la diferencia de temperatura entre el Ártico y las latitudes medias disminuye. Esa diferencia es lo que mantiene estable la corriente en chorro, el flujo de aire de alta velocidad que circula de oeste a este a gran altitud y que determina en buena medida el tiempo en Europa. Cuando la corriente en chorro se debilita o se vuelve más ondulante, el resultado son episodios de calor extremo más largos, olas de frío que se prolongan más de lo normal y patrones meteorológicos que se «atascan» durante semanas.

Es un mecanismo complejo y todavía debatido entre los climatólogos, pero hay suficiente evidencia como para no ignorarlo.

Qué puede significar para España y el Mediterráneo

España no es un actor pasivo en esta historia. El Mediterráneo es una de las regiones que se están calentando más rápido del planeta, a un ritmo que dobla la media global según distintos estudios. Y El Niño, aunque es un fenómeno del Pacífico, tiene efectos que se propagan a nivel global y que en Europa se traducen principalmente en alteraciones de los patrones de precipitación y en inviernos más cálidos.

Para la Península Ibérica, los episodios previos de El Niño se han asociado a inviernos más secos en el sur y el este, mayor riesgo de sequía primaveral y temperaturas nocturnas más elevadas en verano. Si el El Niño que viene resulta ser potente, y si llega en el contexto de un Mediterráneo ya en máximos históricos de temperatura, los efectos locales podrían ser más pronunciados que en ciclos anteriores.

La AEMET lleva meses emitiendo boletines de seguimiento sobre las condiciones del Pacífico. Seguirlos de cerca en los próximos meses es probablemente lo más sensato si se quiere entender qué tiempo puede esperar España en el otoño e invierno de 2026.

Lo que dicen los modelos, con toda su incertidumbre

Es importante no caer en el error contrario: el catastrofismo fácil no ayuda a nadie y, además, no es lo que dice la ciencia.

Los modelos climáticos son herramientas muy potentes, pero no son infalibles. Las previsiones sobre El Niño a seis meses vista tienen márgenes de error significativos. Hay escenarios en los que el fenómeno se desarrolla con menor intensidad de la esperada, o en los que su impacto en la temperatura global se ve parcialmente compensado por otros factores. La ciencia trabaja con probabilidades, no con certezas.

Lo que sí es innegable es la tendencia de fondo. Que abril de 2026 sea el tercer mes de abril más caluroso de la historia, con temperaturas medias 1,43 °C por encima de los niveles preindustriales y a pocos centésimas del umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París, no es una proyección. Es un dato medido.

Y ese dato existe con o sin El Niño.

2027: el año que los científicos ya tienen marcado en rojo

El efecto de El Niño sobre la temperatura media del planeta se observa generalmente al año siguiente de su aparición. Por eso, aunque el fenómeno se desarrolle en la segunda mitad de 2026, el año que concentra más incertidumbre es 2027.

Los once años transcurridos entre 2015 y 2025 son, sin excepción, los once más calurosos de la historia registrada. Los tres últimos —2023, 2024 y 2025— forman un bloque que promedia 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales. Esa es la base sobre la que se va a superponer el próximo El Niño.

No se sabe aún si 2027 batirá todos los récords. Puede que sí, puede que el fenómeno sea más moderado de lo previsto. Pero lo que la trayectoria de los últimos años deja cada vez menos margen para discutir es que no estamos ante una serie de anomalías puntuales. Estamos ante un sistema climático que se ha desplazado de forma estructural hacia un estado más caliente, y cada nuevo ciclo de El Niño llega ya instalado en ese nuevo estado.

Eso es, en el fondo, lo que hace que el boletín de Copernicus de este mayo sea algo más que una nota técnica sobre la temperatura del mar.


Fuentes:

  • Boletín mensual del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, mayo 2026: https://climate.copernicus.eu/
  • Declaraciones de Samantha Burgess a AFP, 8 de mayo de 2026
  • Berkeley Earth / Zeke Hausfather, proyecciones temperatura global 2027
  • AEMET, boletines de seguimiento ENSO 2026

Amante de la naturaleza, en lucha contra el cambio climático y el calentamiento global desde la convicción que cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena.

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