¿Pueden tener derechos legales las ballenas? La visión maorí que quiere reescribir las reglas del océano
Hay ideas que, al escucharlas por primera vez, suenan a fábula. Como si pertenecieran más a un relato antiguo que a un boletín legislativo. “Reconocer a las ballenas como personas legales” es una de ellas. Y, sin embargo, está ocurriendo: no como metáfora, sino como propuesta política, como marco jurídico y como una forma distinta de entender nuestra relación con el mar.
La historia llega de la mano de Inside Climate News, que entrevista al científico maorí Daniel Hikuroa para explorar una declaración indígena del Pacífico que plantea algo tan simple de decir como difícil de ejecutar: que las ballenas no sean tratadas como recurso, sino como sujetos con derechos.
Y aquí está el giro que hace que este debate sea también climático: en un océano cada vez más presionado por la crisis climática —calentamiento, acidificación, pérdida de alimento, ruido, colisiones, pesca industrial—, la pregunta ya no es solo cómo protegemos a las ballenas, sino quién tiene voz cuando se decide el futuro del océano.
Lo esencial en 5 puntos
- Una declaración indígena del Pacífico, He Whakaputanga Moana, reconoce a las ballenas como “personas legales” y derechos-holders.
- Se firmó en Rarotonga (marzo de 2024) y se hizo pública en Waitangi en febrero de 2026.
- La idea entronca con precedentes en Nueva Zelanda, donde ríos, bosques y montañas han sido reconocidos con personalidad jurídica.
- En febrero de 2026 se ha movido una pieza clave: un proyecto para reconocer legalmente a las ballenas (tohorā) dentro del derecho neozelandés.
- El debate no es solo moral: puede tener consecuencias prácticas sobre navegación, contaminación, pesca y gestión marina.
Qué es He Whakaputanga Moana y por qué ha vuelto al centro del debate
He Whakaputanga Moana se presenta como una declaración/compromiso indígena firmada por líderes polinesios en marzo de 2024 en las Islas Cook, cuyo contenido se ha difundido más ampliamente en febrero de 2026.
Su núcleo es potente: reconocer a las ballenas como “personas legales”, es decir, como entidades con derechos propios que pueden ser defendidos en el ámbito jurídico por representantes humanos (guardianes, portavoces, figuras equivalentes). La propia documentación asociada a la declaración habla de derechos como libertad de movimiento y migración, un entorno sano y la posibilidad de prosperar.
En el reportaje, Hikuroa insiste en un punto que suele incomodar a la modernidad: el derecho no es neutral, y el sistema legal dominante no es el único posible. Desde una cosmovisión maorí, el océano y sus seres no son “cosas” ahí fuera; forman parte de una red de parentesco y responsabilidad.
Por qué un científico maorí entra en el terreno del derecho
La conversación no es “ciencia vs. tradición”, sino una alianza: conocimiento científico + marcos culturales + herramientas legales.
Hikuroa trabaja precisamente en esa intersección: ciencia del sistema Tierra y pensamiento maorí en Universidad de Auckland, desde donde ha defendido que los enfoques occidentales tienden a fragmentar la naturaleza en piezas medibles… y a veces pierden la historia completa.
La pregunta de fondo es incómoda y muy contemporánea: si el océano se gestiona como un tablero económico (rutas, permisos, cuotas, extracción), ¿quién representa a quienes no votan, no facturan y aun así sostienen ecosistemas enteros?
Nueva Zelanda como laboratorio: ríos, bosques y montañas con personalidad jurídica
Para entender por qué la idea de “ballenas con derechos” no nace de la nada, hay que mirar el precedente.
En Nueva Zelanda se han desarrollado fórmulas legales que reconocen personalidad jurídica a elementos naturales, vinculadas a acuerdos y cosmovisiones indígenas. Un ejemplo emblemático es el reconocimiento del río Whanganui, descrito como un caso donde la personalidad jurídica se apoya en una visión relacional (te ao Māori) y en modelos de gobernanza con representación.
Más recientemente, el país aprobó una ley que otorgó personalidad jurídica a Taranaki Maunga, reforzando esa línea: la naturaleza no solo como propiedad, sino como sujeto protegido con un “interés” legal propio.
Ese contexto explica por qué, cuando la conversación salta al océano, ya existe un lenguaje jurídico disponible.
Del símbolo a la ley: la propuesta para reconocer a las ballenas como “personas legales”
En febrero de 2026, el debate da un paso político: medios neozelandeses informan de una iniciativa parlamentaria para reconocer a las ballenas (tohorā) como personas legales, estableciendo derechos como libertad de movimiento, un entorno saludable y restauración de hábitats dañados.
La propuesta está impulsada por el diputado Teanau Tuiono, según RNZ, y se enmarca en la conversación regional del Pacífico sobre gobernanza oceánica e identidad cultural.
Aquí conviene aterrizar el concepto: personalidad jurídica no significa “humanizar” literalmente a una ballena. Significa crear una figura legal para que, en caso de daño (contaminación, captura incidental, alteración severa del hábitat), alguien pueda acudir a un tribunal defendiendo un conjunto de derechos definidos.
Por qué esto también es una historia climática
A veces se nos olvida: hablar de ballenas no es solo hablar de fauna carismática. Es hablar de funcionamiento del océano. Y el océano es nuestro gran regulador climático.
Las ballenas como aliadas del clima (con matices)
Organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente han destacado el papel de las grandes ballenas en el ciclo del carbono: almacenan carbono en su biomasa y, cuando mueren y se hunden, parte de ese carbono puede quedar secuestrado en el fondo marino.
Además, existe evidencia de su contribución a la fertilización del océano mediante el llamado “whale pump” (reciclaje de nutrientes que puede favorecer la productividad del fitoplancton).
Pero la ciencia también pide prudencia: restaurar poblaciones puede mejorar el almacenamiento y el secuestro, aunque el impacto global directo en mitigación climática no es una bala de plata. Es importante, sí; milagroso, no.
Lo que cambia con el calentamiento
Si el océano se calienta y se acidifica, se reordenan cadenas tróficas y rutas migratorias. Si aumentan las tormentas o cambian corrientes, cambia la distribución de alimento. Y si el hielo marino retrocede, se abren nuevas presiones (navegación, ruido, explotación). La crisis climática no sustituye amenazas: las superpone.
¿Qué cambiaría si las ballenas tuvieran derechos legales?
Aquí está lo interesante: el valor del debate no está solo en el titular, sino en el tipo de decisiones que podría empujar.
- Gestión de impactos acumulativos: no evaluar solo “un proyecto”, sino el conjunto (ruido + tráfico + contaminación + pesca).
- Mayor obligación de prevenir daños: si hay un sujeto con derechos, la lógica de “compensar después” pierde fuerza.
- Representación formal en conflictos: algo parecido a lo que ya ocurre cuando un río o una entidad natural cuenta con guardianes que actúan en su nombre. (El precedente neozelandés es clave para imaginar el “cómo”.)
- Cambio cultural en la gobernanza: pasar de “gestionar recursos” a “convivir con parientes oceánicos” no es solo poesía; puede reorientar prioridades.
Objeciones habituales: lo que esta idea aún tiene que resolver
Incluso los análisis favorables reconocen límites y fricciones:
- Una declaración no es una ley vinculante. Varios textos subrayan que, sin traducción a legislación y mecanismos de cumplimiento, el efecto puede ser principalmente simbólico.
- ¿Quién representa a las ballenas y con qué mandato? La figura del “guardián” exige gobernanza robusta para evitar capturas políticas o conflictos de interés.
- El océano no entiende de fronteras. La migración atraviesa jurisdicciones, y la gobernanza internacional es compleja. Por eso el debate apunta más a un cambio de paradigma que a una solución instantánea.
Un dato curioso
La declaración se firmó en 2024, pero su “relanzamiento” público en 2026 coincide con un momento en el que Nueva Zelanda ya ha normalizado algo que en otros países aún parece ciencia ficción: dar personalidad jurídica a elementos naturales, incluida una montaña con un modelo de gobernanza compartida. Ese “precedente cultural” es una de las razones por las que el debate de las ballenas no se queda en lo anecdótico.
FAQ — Preguntas frecuentes
¿Qué significa “persona legal” aplicado a ballenas?
Que el derecho reconoce a las ballenas como sujetos con derechos definidos, representables por guardianes humanos ante instituciones y tribunales.
¿Esto ya es ley?
La declaración existe y hay iniciativas políticas en marcha, pero su aplicación depende de legislación y de mecanismos de cumplimiento.
¿En qué se basa la propuesta?
En cosmovisiones indígenas (relación de parentesco con la naturaleza) y en precedentes legales neozelandeses de personalidad jurídica para entidades naturales.
¿Qué relación tiene con el cambio climático?
Las ballenas cumplen funciones ecológicas ligadas al carbono y a los nutrientes del océano; además, el calentamiento y otras presiones humanas afectan a su supervivencia y a la salud del océano.
Otras noticias sobre el océano
Necesitamos otra idea de justicia para salvar nuestra naturaleza
Puede que el futuro del océano no se decida solo con más áreas protegidas o con mejores tecnologías (que también). Puede que necesitemos, además, otra idea de justicia: una en la que el mar no sea el escenario donde todo ocurre, sino un protagonista con derechos.
Porque, cuando una sociedad se pregunta si una ballena puede tener voz legal, en realidad está preguntándose otra cosa: qué tipo de civilización quiere ser en plena crisis climática.
