A veces, la noticia más impactante del día no viene con llamas, ni con imágenes de huracanes girando sobre un mapa. A veces llega como una idea inquietante: el océano puede quedarse sin luz. No por un eclipse, ni por una noche polar, sino por algo mucho más mundano y, por eso mismo, más peligroso: barro, sedimentos, materia orgánica y floraciones algales que bloquean la entrada de luz hasta convertir el fondo marino en una habitación a oscuras.

Eso es lo que un reportaje publicado hace unas horas por ABC News ha puesto en el foco global: los científicos ya tienen nombre y método para medir estos episodios de oscuridad extrema, y los llaman marine darkwaves (darkwaves).

La razón por la que esta historia no es “solo ciencia” es muy simple: gran parte de la vida marina depende de la luz. Si apagas la luz, apagas la base energética de ecosistemas enteros. Y cuando cae la base, la fauna —peces juveniles, invertebrados, dugongos, tortugas, aves que pescan en costas someras— paga la factura.


Lo esencial en 5 puntos

  1. Un “darkwave” es un episodio de reducción inusual de luz submarina a una profundidad concreta durante un tiempo mínimo, comparado con lo normal en ese lugar.
  2. El marco científico se ha publicado en Communications Earth & Environment y permite comparar estos eventos entre regiones, como se hace con las olas de calor marinas.
  3. Los darkwaves pueden durar más de dos meses; el estudio reporta eventos de hasta 64 días y casi 100% de pérdida de luz respecto a la climatología.
  4. Se han identificado entre 25 y 80 eventos en una zona de Nueva Zelanda (East Cape) desde 2002, muchos ligados a tormentas y grandes sistemas meteorológicos (incluido el ciclón Gabrielle).
  5. La conexión climática es plausible: el IPCC concluye que, con más calentamiento, las precipitaciones intensas tienden a ser más frecuentes e intensas, lo que puede aumentar escorrentías y plumas de sedimentos que oscurecen el agua.

Qué son exactamente los “darkwaves” y por qué importa el nombre

El océano no es una piscina: la luz se filtra y se pierde con la profundidad. Pero una cosa es que el fondo sea tenue… y otra es que el sistema entre en un episodio de oscuridad anómala.

Hasta ahora, se hablaba de “agua turbia” o de “oscurecimiento costero” como tendencia lenta. El salto que propone este nuevo trabajo es conceptual y práctico: tratar la oscuridad extrema como un evento medible (igual que una ola de calor, una riada o un temporal). Eso permite responder preguntas clave:

  • ¿Cuántas veces ocurre en un lugar?
  • ¿Cuánto dura?
  • ¿Cuánta luz “falta” respecto a lo normal?
  • ¿Qué ecosistemas y qué profundidades son más vulnerables?

El marco se apoya en series largas de irradiancia submarina en California y New Zealand, y convierte una intuición (“hay días en que el fondo se queda a oscuras”) en un indicador comparable.


Cómo se “apaga” el océano: las causas más comunes

Los darkwaves no caen del cielo; nacen de una cadena de procesos que, en muchos casos, empieza en tierra:

1) Tormentas, lluvias intensas y escorrentía

Cuando llueve con fuerza, los ríos y ramblas arrastran sedimentos, nutrientes y materia orgánica hacia la costa. El agua se vuelve más opaca y la luz deja de llegar al fondo.

2) Plumas de sedimento y resuspensión

No hace falta un río gigantesco: un temporal puede remover sedimentos del fondo, mantenerlos en suspensión y sostener una “sombra” persistente.

3) Floraciones algales

Si hay nutrientes disponibles y condiciones favorables, algunas floraciones algales aumentan la turbidez y reducen la penetración de luz.

Este cóctel —tormenta + sedimentos + materia orgánica + algas— es el que convierte un día nublado en un auténtico apagón submarino.


Lo que asusta: la duración y el “déficit de luz”

El impacto de un darkwave no es solo que el fondo reciba menos luz, sino cuánto tiempo se mantiene ese estado.

El estudio publicado en Communications Earth & Environment describe eventos con duraciones de hasta 64 días y pérdidas de luz cercanas al 100% frente a lo esperable para esa época y profundidad.
Y el análisis divulgado por University of California, Santa Barbara resume que algunos episodios, en la práctica, “casi cortan por completo” la luz al fondo y pueden extenderse más de dos meses.

Esto importa por una razón biológica elemental: muchos hábitats costeros viven de la fotosíntesis. Si la luz desaparece durante semanas, el sistema entra en modo supervivencia… o colapsa.


Animales y ecosistemas en primera línea

Praderas marinas: el suelo vivo del litoral

Las praderas marinas no son solo plantas: son guarderías de peces, filtros naturales y refugio de biodiversidad. Un darkwave prolongado puede debilitarlas o matarlas por falta de luz, y el golpe se extiende a todo lo que depende de ellas.

El reportaje de ABC lo ilustra con un caso emblemático: Shark Bay, donde un evento extremo anterior devastó una parte importante de las praderas marinas y los investigadores temen que un nuevo episodio (relacionado con ciclones y condiciones extremas) provoque daños similares.

Bosques de kelp: el “bosque” bajo el agua

El kelp necesita luz. Si la columna de agua se oscurece durante semanas, el crecimiento se frena y el bosque pierde densidad. Con ello, se pierde refugio para peces e invertebrados.

Corales y comunidades algales

En zonas someras, la falta de luz sostenida puede alterar equilibrio ecológico y aumentar vulnerabilidad a otros estresores.

En resumen: un darkwave no mata “solo” por oscuridad; mata por falta de energía. Es hambre en forma de sombra.


Un dato curioso

En la costa de East Cape (Nueva Zelanda), el análisis divulgado por UCSB detectó entre 25 y 80 darkwaves desde 2002.
Dicho de forma más visual: en algunos tramos costeros, el fondo marino ha vivido decenas de apagones en apenas dos décadas. Y algunos han durado semanas, dejando al ecosistema funcionando como si le hubieran bajado el interruptor.


¿Qué tiene que ver esto con el cambio climático?

Aquí conviene ser rigurosos: un darkwave concreto puede deberse a un temporal específico, a una riada puntual o a una floración local. Eso no se “atribuye” automáticamente al cambio climático sin un estudio de atribución.

Pero el marco climático sí importa por dos vías:

  1. Más extremos de lluvia y tormentas intensas pueden aumentar escorrentías y plumas de sedimento. El IPCC resume que la precipitación intensa tiende a volverse más frecuente e intensa con más calentamiento global.
  2. Costas más vulnerables por presión humana: urbanización, pérdida de vegetación ribereña, suelos degradados… Todo eso facilita que el sedimento viaje más rápido al mar cuando llega la lluvia.

Resultado: un océano más expuesto a episodios de turbidez extrema y, por tanto, a apagones de luz que golpean justo donde la biodiversidad es más rica: el litoral.


Qué se puede hacer: soluciones con impacto real

La buena noticia (dentro de lo inquietante) es que este problema no es un monstruo abstracto: tiene palancas claras.

  • Restauración de cuencas y riberas: más vegetación, menos erosión, menos sedimento al mar.
  • Gestión del suelo agrícola y forestal: reducir arrastre de tierras en episodios de lluvia intensa.
  • Planificación costera: evitar obras y actividades que aumenten resuspensión de sedimentos en periodos críticos.
  • Monitorización sistemática: si puedes detectar y comparar darkwaves, puedes identificar puntos calientes y actuar antes.

La clave es entender que “proteger el océano” empieza muchas veces tierra adentro.


FAQ para SEO

¿Qué significa “darkwaves”?

Es un término científico para describir episodios de oscuridad submarina extrema y anómala, medidos en una profundidad concreta y durante un periodo mínimo.

¿Cuánto pueden durar estos apagones submarinos?

Desde pocos días hasta más de dos meses; el estudio describe eventos de hasta 64 días y casi 100% de pérdida de luz respecto a lo normal.

¿Qué animales se ven afectados?

Indirectamente, muchos: si se degradan praderas marinas o bosques de kelp por falta de luz, se afecta a peces, invertebrados y especies que dependen de esos hábitats para comer o refugiarse.

¿Esto prueba el cambio climático?

No por sí solo, pero encaja con un contexto en el que los extremos de precipitación tienden a intensificarse, lo que puede aumentar turbidez y sedimentos en zonas costeras.


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Amante de la naturaleza, en lucha contra el cambio climático y el calentamiento global desde la convicción que cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena.

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