jueves, febrero 26

Colombia: inundaciones fuera de temporada en plena temporada seca

En febrero, en buena parte de Colombia, la gente suele mirar al cielo con una expectativa distinta: que el calor apriete, que el polvo se pegue a las chanclas, que el campo aguante hasta que vuelva el “invierno”. Febrero es temporada seca. O debería serlo. Por eso, cuando el agua empieza a subir por las patas de la cama y no baja durante días, la realidad se vuelve extraña, casi ofensiva: ¿cómo puede estar pasando esto ahora?

Eso es exactamente lo que ha ocurrido en el Caribe colombiano, con Córdoba como epicentro y el río Sinú convertido en protagonista de una historia que mezcla meteorología anómala, infraestructuras bajo presión y una consecuencia nítida: miles de familias desplazadas o viviendo entre barro, pérdidas y miedo.


Qué está pasando: una temporada “imposible” en cifras

El Gobierno colombiano declaró emergencia económica mediante el Decreto 150 (11 de febrero de 2026) para ocho departamentos (Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y Chocó) tras un evento de lluvias “excepcional” concentrado entre el 1 y el 6 de febrero.

Según el balance recogido por El País a partir de la UNGRD, el episodio dejó:

  • Más de 69.000 familias damnificadas.
  • Más de 252.000 personas impactadas.
  • 10 fallecidos, además de daños en viviendas, vías, puentes, escuelas, acueductos y pérdidas productivas.

En paralelo, Reuters documentó el carácter “fuera de temporada”: inundaciones generalizadas durante la estación seca, con miles de familias desplazadas y especial impacto en la región Caribe.


La escena humana: “Ruego que mis gallinas sobrevivan para pagar mis deudas”

Para entender una inundación fuera de temporada hay que bajar del mapa a la cocina. En la vereda Los Platanales (Lorica, Córdoba), El País cuenta la historia de María Isabel Méndez, que pasó días en su casa inundada hasta que el agua siguió subiendo y decidió refugiarse en una estructura improvisada de plástico, madera y palma. Lo que la descoloca no es solo perder cultivos: es que ocurra “en plena temporada seca”.

Inundaciones en Colombia
Foto. Nathalia Angarita.

Otra escena resume el filo económico de estos desastres: una asociación campesina que había empezado a pagar créditos para un proyecto comunitario de cultivo y, de repente, se queda sin cosecha con la deuda intacta. Y luego está el símbolo más cruel y cotidiano: las gallinas. Una pareja que había pedido un préstamo para montar su pequeña producción de huevos ve cómo la humedad y el frío matan a parte del corral y solo pueden pedirle al azar que las supervivientes aguanten “para pagar la cuota”.

Ese es el corazón de esta historia: la inundación no solo entra en casa. Entra en la economía doméstica y la rompe por semanas o meses.


Por qué son “fuera de temporada”: la meteorología detrás del caos

Las autoridades técnicas (Ideam y Dimar, según el resumen de El País) vinculan el episodio a un desplazamiento anómalo de un frente frío hacia el Caribe colombiano, algo poco frecuente en los patrones históricos. Ese empuje atmosférico se combinó con vientos, oleaje y lluvias intensas simultáneas.

En varios puntos del Caribe, los acumulados de precipitación superaron entre 130% y más de 180% del promedio mensual histórico. En términos simples: en pocos días cayó “un mes entero” de lluvia.

El director de la UNGRD, Carlos Carrillo, explicó que, en el área afectada, la precipitación llegó a ser “un 1.600% mayor” de lo esperable en ese periodo, y que “en cinco días cayó toda el agua del mes”.


Córdoba, el río Sinú y el efecto dominó

En la práctica, el agua tomó un camino claro: ríos desbordados, llanuras anegadas, caminos cortados, cultivos perdidos y viviendas dañadas. Copernicus (servicio europeo de cartografía de emergencias) activó su mapeo rápido (EMSR865) por inundaciones severas en Córdoba, vinculadas a lluvias intensas y persistentes desde el 26 de enero, con el Sinú desbordado y afectación directa sobre viviendas, infraestructuras y medios de vida.

Aquí hay una lección que se repite en desastres hídricos: aunque la lluvia pare, la crisis no termina. El agua tarda en drenar, el terreno queda saturado y el riesgo de colapsos o nuevas crecidas sigue presente.


¿Tiene algo que ver La Niña?

En paralelo a las explicaciones locales (frente frío, humedad, baja presión), algunos sistemas de vigilancia climática internacionales siguen señalando La Niña como telón de fondo de riesgos hidrometeorológicos en la región. FEWS NET, por ejemplo, mencionó en su “Global Weather Hazards” que La Niña está presente y que el riesgo de inundaciones se mantenía alto en partes de Colombia (entre otras regiones del mundo).

Esto no significa que “La Niña lo explique todo”. Pero sí ayuda a entender por qué, en determinados años, el sistema atmosférico puede favorecer episodios anómalos o más persistentes.


El golpe largo: cuando el agua baja, empieza el segundo desastre

Las historias de Lorica y Los Platanales enseñan algo que conviene explicar: la fase posterior. Después de la inundación vienen el moho, los pozos contaminados, las pérdidas productivas, el precio de recomprar herramientas, semillas o animales, y una economía local que tarda mucho más en recuperarse que el cauce del río.

Y sobre todo, llega una transformación íntima: la forma en la que una comunidad mira el calendario. Si febrero deja de ser “seguro”, entonces ya no hay meses seguros; solo ventanas más o menos probables.


Qué tiene que ver esto con el cambio climático

Aquí conviene ser rigurosos: no se puede atribuir un episodio concreto (esta inundación específica) al cambio climático sin un estudio formal de atribución.

Pero sí se puede explicar algo clave —sin exagerar—: cuando se combinan anomalías atmosféricas, territorios vulnerables y sistemas hídricos alterados por infraestructuras y ocupación humana, el impacto crece. Y cuando, además, el sistema climático global añade inestabilidad y extremos más dañinos, la vida cotidiana lo nota antes que las estadísticas.

El propio Carrillo, en su entrevista, habla explícitamente de una crisis agravada por la crisis climática, pero también por intervenciones humanas que han cambiado la dinámica del agua en la cuenca.


Febrero ya no se siente como febrero

Una inundación fuera de temporada no es solo un fenómeno raro: es una grieta en el sentido común de un territorio. En Córdoba, muchas familias han aprendido en días una verdad que cuesta aceptar: los ciclos están cambiando y la vulnerabilidad pesa.

Y quizá la frase que mejor resume esta historia no es técnica, sino humana: “Nunca se me pasó por la mente que esto podía pasar”. Porque el cambio climático, cuando se convierte en experiencia, no se presenta como un gráfico. Se presenta como agua subiendo por la cama.

Share.

Amante de la naturaleza, en lucha contra el cambio climático y el calentamiento global desde la convicción que cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena.

Leave A Reply